Estamos inmersos desde que nacemos en una forma de pensar que divide las aguas en dos: derecha e izquierda, día y noche, blanco y negro, bueno o malo, a favor o en contra. Todo se trata de un versus que lo que primero levanta, es la autocrítica y favorece la proyección. Si hay algo que es erróneo o equivocado, estará automáticamente de la vereda de enfrente, generándose así un péndulo cuyo movimiento será de un polo a otro sin jamás verificar si existe algo dentro de la vereda que uno habita, que sea causa del problema que nos enfrenta.
Otra trampa es la del mal menor, un sucedáneo que se utiliza para poner parches cuando no queremos hacernos cargo de que, aunque sea menor, es mal. Digamos que es el método lento pero seguro para terminar en la vereda que tanto criticamos. Pero lo utilizamos porque la consciencia tiene menos trabajo y se tranquiliza conque hace mal, pero poquito.
Con el tiempo, poquito más poquito, hace un mucho. Y cuando ya es mucho, sin darnos cuenta, nos cruzamos de vereda y defendemos con igual fruición nuestra necedad.
Por entre las rendijas de este modo de pensar, se escurre algo que se llama CONSCIENCIA, y si bien se la relaciona con otro versus/polaridad/vereda que se define en términos de consciente e inconsciente, no hay que olvidar que la consciencia es un recorte de la realidad y lo inconsciente su total falta, siendo la consciencia en tanto toma de conocimiento, iluminación y esclarecimiento, la única forma de ir recortando pequeñas porciones de inconsciente para ser llevadas e integradas a ese sistema llamado consciente en el que podemos delimitar las cosas y entenderlas mejor.
En síntesis, la palabra consciencia puede prestarse a confusión cuando se la usa como mecanismo de conocimiento o como el lugar "topográfico" a donde va a parar algo que pasó por ese mecanismo.
Hacer consciente lo inconsciente es un eterno proceso que no puede estancarse. Cruza de vereda a vereda todo el tiempo en búsqueda de una SÍNTESIS mayor. Se sale del pensamiento binario de blanco y negro y corta el péndulo. Nos señala que lejos de proyectar, hay que ver cual es el punto en que nos equivocamos. Esto no evita que exista otra vereda, pero sí evita que nos pasemos la vida reaccionando contra algo cuya solución, está muchas veces dentro de la misma esfera de acción.
Yo no voy a solucionar mis problemas de pareja matando a mi cónyuge. Eso es una mentalidad binaria. Tampoco voy a remediar una grieta pidiendo al otro que cambie porque yo se lo digo, lo acuso o lo juzgo.
Lo más lógico será encontrar la razón por qué elegí un compañero/problema/conflicto/situación/enturnto como ese y descubrir así que quizá haya sido lo mejor que pude hacer para no hacerme cargo de mi propio problema.
Cuando hacemos CONSCIENCIA, hallamos que el centro del conflicto no es lo opuesto, sino algo muy diferente que se encuentra por lo general en un problema no enfocado y que ha quedado por fuera de la díada correcto-incorrecto. Descubrir eso, implica permitir salir del lugar de la "reacción", del lugar de devolver la agresión, el contraargumento, el péndulo y la rueda del hamster.
Si no podemos ver que quizá el centro de un problema está en otro lugar, -o incluso está compartido-, viviremos repitiendo el vaivén pendular, dando tontas vueltas y eternamente enzarzados en batallas de buenos y malos que existen porque nos encargamos de alimentar esa lógica tan escasa de acción y reacción.
Por algo el símbolo del yin y el yang, tiene un punto negro en el lado blanco y uno blanco en el negro y aunque nos hagamos los eruditos espirituales, lo usamos solo para ilustrar nuestros muros o redes sociales.
Hay que animarse a cuestionar lo que nos venden como conflicto en el cual lo fabuloso, limpio y blanco está de un solo lado, porque en esa presentación se esconde el veneno de un versus que no suele ser más que una distracción. Y así es como aprendemos a pensar y a tragar, -no analizar ni buscar mayor conocimiento-, todo lo que escuchamos.
Lo que no se cuestiona, vive y pervive y se desplaza a otros conflictos que tarde o temprano, en el modo binario de pensamiento, hace que el péndulo pase como destino y condena segura de un extremo al otro sin haber aprendido absolutamente nada. Y si no, a las pruebas me remito en temas históricos, en las sucesiones del poder, en cuestiones de pareja.
Cada vez que veas dos polos en claro conflicto, desconfía. Con eso, habrás dado al menos un paso en favor de un centro que quizá sea mucho más importante que el versus superficial con que te estás entreteniendo.
Además, con esto, estarás dando posibilidad a que algo nuevo se manifieste en tu vida y en cualquier ámbito de la vida que parezca ser una monótona sucesión de repeticiones sin solución. DONDE NO HUBO SOLUCIÓN, HUBO REPETICÓN. Recuerda esto.
sábado, 14 de enero de 2017
sábado, 7 de enero de 2017
QUE TE DEJARON LOS REYES EN PSÍMBOLOS
Cuando era pequeña, solía preguntarme si aquello que pensaba acerca de casi cualquier cuestión, era tan cierto e inamovible que sería capaz de sostenerlo por siempre. Esa era la única forma de revisar si mis razonamientos o deducciones, eran de fiar. Era el modo de mantenerme en un lugar lejano al de la certeza aunque cercano a mi verdad, tratando con ello de equivocarme menos que los adultos, cuyo único argumento, -según mis observaciones hasta aquel momento-, me hacían pens...ar que imponer algo tan solo "porque soy grande y sé más que vos", era simplemente algo muy poco confiable.
Me preocupaba mucho el futuro y quien fuera a ser yo. Detestaba la idea de que mis hijos me vieran como un bodoque sin fundamentos, sin criterio ni sensibilidad y practicaba la duda antes que el mandato. A ver si terminaba por convertirmer en eso que tanta bronca me daba!.
Entonces, ante cada tema que creía importante, me decía: "esto que pienso hoy, lo voy a pensar aún cuando sea grande?". De ser la respuesta negativa, entonces evaluaba otras opciones. Cuando uno sabe que por hacerse mayor va a ver las cosas de otro modo, entonces uno no debe engañarse. Y se ve que estaba bastante consciente de ello. Demasiado, quizá.
Entre las preguntas más fundamentales, estaban la de la existencia de dios, la muerte, los perros, su alma y las muñecas. ¿Me gustarían tanto por siempre?, o cuando creciera, ya pasarían a ocupar un cajón y el olvido?.
Es que amaba tanto a mis pequeñas que no solo dormían conmigo. Cada una hablaba y tenía personalidad, pensamientos y respuestas que parecían surgidos de un lugar que no era "yo". Gracias a eso, pensaba que eran seres independientes de mí y que sería un horrible monstruo si las olvidara algún día. Que clase de frialdad tenía que tener alguien para archivar tanto juego?. Cual sería mi desagradecimiento por tantas horas de compañía y aprendizaje?. Tan ingrato es el corazón de la gente que al ir apagando velitas, se olvidan de lo que es realmente importante?. Entonces sentencié: JAMÁS VAN A DEJAR DE GUSTARME LAS MUÑECAS.
Y tuve razón. Nunca dejaron de gustarme. Es el día de hoy que si salgo a comprar algo para mis nietos, tengo que pensar que lo primero es regalarles criterio, porque si no, lo primero que tiendo a llevar, es uno de esos compañeros inestimables que se apropian de un pedacito de corazón. Aunque sigo dudando si el criterio lo adquirí antes o después de mi primer muñeco.
<3
Felices Reyes para tod@s!!!
<3 Felices Reyes para tod@s!!!
viernes, 18 de noviembre de 2016
QUE SE HA QUEBRADO EN LAS RELACIONES?, DEL NO TENGO NOVIO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO
-por Lic. Gabriela Borraccetti-
El problema es que hay muchas cosas que hemos cambiado y nos pasan desapercibidas a la hora de evaluar POR QUÉ estamos sueltas (no solas como se nos quiere hacer creer).
En primer lugar, no hay que olvidar que el matrimonio y la monogamia, no son otra cosa que un invento cultural creado para asegurarle al señor que su señora esposa, no le será sexualmente infiel.
Eso de que "la madre es siempre cierta, el pater sempre incertus est", no es solo una frase que describe lo imposible de saber a ciencia cierta si el esperma que entró en el óvulo de la mujer, es el del "dueño" de esa propiedad sexual privada que hemos sabido ser, sino que fué el motivo principal por el cual se creara el tabú de la VIRGINIDAD, seguido para refuerzo por la institución del SAGRADO MATRIMONIO,
Una vez ingresada al mundo del registro civil y anotadas en un libro de oficialidad, sigue el consumo de los espejitos de colores con la emocionante bendición, -las que quedan afuera no tienen esa dicha-, el vestido blanco pureza, - que remite al himen intacto que de intacto no tiene nada-, la fiesta, -un derroche de dinero que podría garantizarnos más de un viaje de placer-, y la entrada triunfal por la pasarela de alfombra roja, quizá única posibilidad de convertirnos en una STAR.
Este último paso es fundamental, puesto que TODAS LAS MIRADAS se posarán boquiabiertas en nosotras, -al menos eso imaginamos-, cumpliendo así el deseo infantil de cobrar la fama y el mismo protagonismo que las estrellas de Hollywood. (Otra de las trampas del ego que entusiasma más por el cotillón, que por la fe sospechosa de tanta gente que para lo único que entró a la iglesia, fue para ser OBJETO de la mirada del otro y no quedar fuera del plato de los sacramentos).
Acto seguido, el rito se cierra con la argolla en el dedo, es decir con la "idem" sellada y obturada en incorruptible oro, dejando entender que allí, en ese agujero, no entrará más que ese solo dedo. (Léalo como guste).
Hasta acá, las cosas como nuestras tatarabuelas, abuelas, madres y en realidad toda la cadena de mujeres que nos precedieron, nos enseñaron. Y vaya que por suerte, no salió muy bien.
Las hijas de la última generación de vírgenes temerosas de no poder casarse jamás, dio a luz a las primeras hetairas que se atrevieron a denunciar que tenían hormonas, que querían libertad y para ello, entre otras cosas, se sumaron a la casa, los hijos, la limpieza y la cocina, el yugo de la vida laboral bajo patrón.
Eso nos haría libres. Pero... libres de que o de quien?.
Ninguna quería parecerse a su madre: la esclava familiar encerrada siempre en casa, que con el carácter agrio y llorando en secreto su hartazgo, escondía la siempre insidiosa sospecha o confirmación de que "allá afuera", todos tenían una vida que ella desconocía. Incluida la de su marido.
YO NO VOY A SER IGUAL QUE VOS!, fué el grito de guerra. Y ahí empezó la desobediencia.
Dejamos de temer la soltería, nos abrimos a la sexualidad, al trabajo y a las mismas tareas que el hombre, pero no dejamos en el fondo de ser Susanitas.
El problema es que roto el pacto de principal interés, -el controlar la sexualidad femenina para apuntalar el poder masculino-, ¿cual es el negocio de casarse con alguien que ya no tenga miedo de ser estigmatizada, apedreada y dejada fuera del mercado casamentero por haber roto su himen antes de la boda?
Sin darnos cuenta, rompimos con el contrato sexual disfrazado de amor, blancura y campanitas. El cerrojo que se nos colocó en los labios inferiores se abrió y eso nos vale ahora la violencia de género y el lugar de objeto descartable.
Hemos escuchado, seguimos viendo y nos seguirán alimentando a fuerza de novelas, -ahora a través de facebook por si no tenemos tiempo de ponernos a tejer mirando la tele a la tarde-, los viejos libretos que ahora, solo sirven a las ganancias de la industria de la fiesta y tratan de mantener una serie de variables que sostienen un sistema de consumo que moriría si se termina la institución del matrimonio.
Para quienes manejan el poder y saben del negocio que significa la familia, no será nada difícil hacernos la película de que existe en algún lugar el hombre tierno, incondicional, que muere en silencio por nosotras, se hace el duro pero en realidad nos escucha y después de trabajar todo el día, no ve la hora de preparar el mate para esperarnos en casa y saber que nos sucedió en el trabajo, aunque disimule malestar para no parecer un flojo. Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! que paraíso!.
En lugar del anillo, -y como no encontramos otra forma de ponernos vestidos para pisar un altar donde todos nos vean-, nos sacamos selfies con un beso para colocar en la portada de la red social y dejar en claro que EL ME PERTENECE.
Obviamente, las que no consiguieron una foto pública, -supletorio devaluado del antiguo anillo-, evalúan ese gesto como signo de "novia oficial", aunque la oficialidad hoy dure 3 días.
Como vemos, en un análisis simple, básico y sin entrar en demasiados detalles, podemos comenzar a observar que la liberación nos valió violencia de género: se nos pega y se nos castiga por haber dejado de ser una propiedad y un servicio de cama y lavandería a cambio de una sortija.
Y por supuesto, hasta que comprendamos de verdad, en forma íntegra y esencial el significado de nuestra libertad, tardaremos en asimilar que no tenemos que dar pasos hacia atrás, llorar y ceder hasta el maltrato, para no sentirnos "fuera del mudo". Recién comienza un duro camino de despertar a una verdad que está lejos del mundo que nos pintaron con moños rosa.
Aún nos queda mucho por comprender acerca de nuestro papel en el mundo: no se trata de ser la señora de, no se trata de ser la flaca, la linda, la exitosa para.... Se trata de ser personas felices antes de buscar la felicidad en el único y fracasado modelo de tener que ser un bien que se anota como perteneciente a fulano en un registro civil.
Si alguna vez dos personas se encuentran, es porque dicho encuentro no está basado en ceder posiciones. La PARIDAD es la única forma de caminar juntos y por el momento, somos hombres y mujeres que están abandonando un paradigma obsoleto para forjar uno en donde el dominio, la cosificación y el maltrato, queden atrás.
Ellos tendrán que asimilar que no somos su propiedad. Nostras tenemos que comprender que eso no era amor.
Si estás suelta, si es difícil caminar de a dos, no es porque eres "rara", fea, poco querible o una especie de alien, sino por el contrario, alguien habitada por un divino descontento que impide quedar atascadas a formas injustas de amores equivocados.
miércoles, 19 de octubre de 2016
ANTES DE LLAMAR A ALGUIEN FEMINAZI
Algunos chistes que corren por internet, terminan "aguados" por la protesta de mujeres a las que se denomina de un tiempo a esta parte, como "feminazis". Mujeres que al ver en una página graciosa el dibujo de un hombre abriéndose el sobretodo, con la pelvis inclinada hacia adelante, frente a una señora horrorizada y al lado de una leyenda que dice "vení a vernos que te mostramos todo", en lugar de reir, se indignan.
En lugar de sumarse al show del ingenio, el festejo y la chanza, ella levanta una queja, explica su desaprobación y tira por la borda con su "fanatismo", el clima festivo del resto que se toma revancha por ese acto irrespetuoso de poner el grito en el cielo. Uno la insulta, otro la destrata, otro la manda al psicólogo, otros defienden al autor del post, otros la califican, otro la descalifican, muchos se burlan y alguno, a las perdidas, intenta entender aunque no entienda.
La reflexión es: Acaso una mujer puede reirse de lo que viene pasando en un tren o un subte desde que asomó su cabeza al mundo?. Puede quedar impávida ante esos tipos que la acosaron desde pibita diciéndole o mostrándoles sus genitales en plena calle?. Y si es madre, puede vivir tranquila al ver a su niña frente a la pantalla de una computadora? Puede ella quedar como si nada cada vez que su hija sale del hogar aunque sea a comprar un caramelo?. Puede alguien tener el corazón en paz a sabiendas de que si antes esto sucedía, ahora como si fuera poco, puede costar la vida?.
Para los hombres, -que no han sido acosados, bombardeados a groserías acerca de su cuerpo, franeleados en el transporte de pasajeros ni han sentido jamás en su cuerpo el friegue de los genitales de nadie-, esto es solo un chiste.
Para quien lo vivió o lo vió alguna vez, -casi todas hemos encontrado algún pajero por la calle-, sabemos muy bien del terror que causa, la impotencia y la indefensión que se siente. Y es obvio que quien más presente lo tendrá, es la mujer que por lo visto, sigue bastante sola el camino que le toca transitar. Mientras el hombre considera a la calle como un espacio común, la mujer lo transita en medio de una balacera de agravios a los que se llamó "piropos", donde su cuerpo fué objeto de observación, calificación y guarangada y junto con ello aprendió que el hombre, podía avasallarla y tratarla como a una cosa, una inferior, un objeto. Lo terrible es haber tenido que llegar a este extremo para pedir por favor, que no nos maten ni nos maltraten. En muchos casos, aún no somos conscientes de hasta qué grado esta sociedad, nos ha condenado al lugar de la falta. De hecho, "ellos tienen" lo que nosotras no. Así es el tema del poder en un psiquismo falocéntrico.
Muy lentamente iremos encontrando nuestro lugar: después del feminismo, después del machismo y después de tantos sismos e ismos que quizá nos dejen arribar al territorio de lo femenino. -Gabriela Borraccetti
viernes, 30 de septiembre de 2016
NADA NI NADIE PUEDE AYUDARME
Sabemos que todos tenemos determinadas características a las que achacamos el motivo de nuestro sufrimiento. Generalmente es el "exceso" de una virtud, -como la gran fragilidad, la sensibilidad, la receptividad, la generosidad, etc. -, la que nos deja, -según nuestra defensiva y argumentativa teoría-, en estado inerme, siendo arrastrados por los bajíos de la vida y sobre todo por "los malos", a ser víctimas condenadas por nuestra "bondad".
A todo eso, -que en realidad se llama "síntoma" y no es ninguna facultad sobresaliente, -salvo bajo los criterios de una valoración muy personal y muy inconsciente-, podemos seguir justificándonos en la maldad del otro o dedicarnos a desenmascarar lo que se encubre por debajo de ese disfraz que tapa sin dudas cuestiones más profundas y menos agradables de los que nos gustaría admitir.
Si para obtener una solución nos tomamos en cambio el trabajo de actuar posturas o actitudes opuestas a las que consideramos "naturales" en nosotros, conseguiremos simplemente cruzarnos al otro extremo y observar el mismo problema desde la orilla de enfrente. El resultado será el mismo, salvo que ahora tendremos un argumento más que sumar en nuestro favor, avalando con supuesto conocimiento de causa, todas las quejas que sostenemos y nos seguirán dejando infelices y sin la solución esperadas. Ser hipersensibles nos lastima y ser hiperduros nos aisla, así que no hay nada que hacer: no hay nada ni nadie pueda ayudarnos y tendremos que seguir perseverando en nuestra teoría razonable que coloca al error, la maldad, la equivocación y el ensañamiento en el afuera, en los demás o en todo lo que sea NO YO.
Como se verá, lo único que resulta de esta actitud de "convertirnos en lo contrario", es el "refuerzo" de nuestras defensas para no ser vulnerados con facilidad, -y para no cambiar-, y sin embargo no solo nos volvemos más vulnerables sino más dolidos, más infelices, más impotentes y más dependientes de la imagen que nos creamos de nosotros: los pobres indefensos que están defendidos hasta los dientes para disfrazar una fortaleza que no existe.
CAMBIAR DE VERDAD implica el reconocer que aquello que nos hace padecer está directamente relacionado con nuestro mundo interno antes que con el afuera, debiendo entonces evitar "automedicarnos" con recetas que nos llevan tomar el camino contrario, cosa de solucionar lo que solo se soluciona buscando dentro del cofre del mundo incosnciente.
No advertimos ni por causalidad que actuar volcándonos al extremo contrario, nos convierte en un carro que se bambolea porque deposita todo el peso en una rueda o en otra, pero jamás está en equilibrio. Obviamente en algún momento gracias a este desbalance, volcamos, y cuando volcamos gritamos como niños: "veis que no tiene solución"!????. Cualquier escudo que utilicemos, como por ej. argumentar (otra vez en nuestra defensa): "es que soy muy sensible", "es que soy muy vulnerable"," es que soy: muy, demasiado, excesivamente ,,,lo que fuere, servirá para quedarnos donde estamos y no cambiar.
Allí, en ese lugar en el que nos movemos, hay algo que inconscientemente nos reporta un beneficio que hay que descubrir y por lo general, hacerlo es tener que defraudar a alguien más, enfrentar un conflicto, pasar por una crisis a la que no queremos ni ver en la sombra y es por eso que nuestro sistema defensivo hace denodados esfuerzos por mantenerse en sus términos. Tal situación es similar a la muerte: algo tiene que morir para poder salir a la luz y si hay algo que el ego no quiere es asistir a su propia muerte.
Por lo general, al justificativo que esgrimimos como un "si soy así, que voy a hacer" , le agregamos el refuerzo de que nadie en la vida ha podido ayudarnos o ha podido con nosotros: "ningún psicólogo, ninguna ciencia, ningún psiquiatra, ningún estudio y es asombroso escuchar supuestos conocimientos que respaldan aquello que NECESITAMOS respaldar. Nada de nada ni nadie puede "salvarnos". Es la mejor excusa para no hacernos cargo y seguir plantificados en un lugar que nos brinda aunque sea una falsa seguridad. Oh ego!!!!!!!!!!!!!!, que poderoso eres!. Nadie puede contigo!!!!!!!!!!!! y eres tan fuerte y tanto te resistes a la destitución. Los otros son tan tontos, tan poco sabios, tan ineficientes, tan ignorantes que jamás podrán contigo!. ¿Alguna duda de que estas afirmaciones remiten a un estado inflacionario del YO?.
Para quien lo dude, mis más fervientes recomendaciones de visitar a un analista.
miércoles, 31 de agosto de 2016
ENCRUCIJADAS
Es muy tarde, y estoy caminando por pasillos largos, interminables, oscuros. Una luz de frente se hace inalcanzable, y a medida que avanzo dos pasos, se aleja despiadadamente tres.
Me detengo frente a una puerta y me hago de coraje para golpear y pedir una frazada. Tengo frío, quisiera descansar mis huesos en algún lugar. Me siento sol@ y quiero perder mi última esperanza en el momento en que digan por última vez que no. Quizá por eso busco un cobijo, cosa de confirmar que he de quedarme a la intemperie y quemar lo poco que me queda de fe.
Algo así como hacer una apuesta a la vida: si me dan el abrigo sigo aunque la luz se aleje, si no me lo dan, cruzo el puente y me atengo al miedo de lo desconocido. Golpeo, abren la puerta, me miran y no me ven ni me oyen.
Algunas veces creemos que decidimos, cuando ya no hay tiempo ni modo de darse cuenta que la decisión estaba tomada en lo profundo del alma, cuya decisión había sido cruzar aún con miedo para salir de algo que ya no podemos sostener.
jueves, 25 de agosto de 2016
3 COSAS QUE NO DEBES DEJAR DE LADO AL TOMAR UNA DECISIÓN
A cada momento la vida nos pone frente a decisiones que en muchos casos, eludimos.
Contestar a alguien, confrontar cuando no estamos de acuerdo, elegir entre el camino de la conveniencia o de la consciencia, son unas pocas de las tantas situaciones que nos obligan a definirnos y pagar el costo que implica descartar algo para elegir una opción.
Por cada elección que realizamos en nuestra existencia, hacemos una especie de balance que no siempre resulta grato, puesto que aquello que quedará del lado de afuera del círculo que enmarca nuestra personalidad, es muchas veces una característca a la que aspiramos aún si no se trata de una cualidad que respeta nuestra esencia. Todos quisiéramos ser de amianto, insensibles ante el dolor o irreverentes ante la culpa. Algunos quisieran parecer a superman, otros imitar a la mujer maravilla y otros más a santos o gurués; no obstante, en una personalidad balanceada, no hay extremos, menos imitiaciones y por eso hay algunas preguntas básicas que haríamos bien en responder antes de descartar un camino y elegir tomar posición. .
Cuando tenemos una disyuntiva, no siempre somos tan libres como creemos: nos acucian las voces de nuestros padres, de la sociedad y de lo que "se dice" que hay que tener/ser/parecer feliz.
Solemos buscar muchas veces la dicha, la aprobación o el éxito siguiendo "mandatos" que poco tienen que ver con lo que en realidad nos entusiasma. Por lo tanto es bueno revisar todo lo que se interpone en en la mente como cuestionamiento al propio deseo, debiendo saber si ese argumento es algo realmente válido o algo que se desprende de la culpa o del prejuicio.
Cada decisión es un paso y cada paso construye nuestra identidad. Si lo que voy a hacer me avergüenza, denigra o disfraza, definitivamente el resultado será convertirme en alguien con doble faz que libra una batalla con dos frentes: uno interno, entre una y otra cara-, y otro externo para tratar de convencer y convencernos de que hemos hecho lo correcto. Al final terminamos siendo esclavos de esa impostura, ya que de tanto falsear nuestra verdadera identidad, terminamos por identificarnos con nuestro invento. Pasado un tiempo considerable de llevar la máscara, no sabemos que responder cuando alguien nos pregunta: QUE TE HARÍA REALMENTE FELIZ?. Y sí, hace mucho que no somos nosotros y nos hemos perdido en el camino de las elecciones.
En muchos casos, nos imponemos algo que es correcto pero a último momento, llevados por la inseguridad y poca autovaloración, reculamos y cedemos a un impulso que sabemos será motivo de arrepentimiento. En este caso no queremos pagar alguna consecuencia que por el momento, resulta mucho más importante que nosotros mismos. Poner la vara alta para no poder llegar y dar recurrentemente marcha atrás, genera un sentimiento de fracaso que a su vez transmite una enorme volubilidad. De este modo, nos volvemos poco confiables para nosotros y obviamente para los demás, cayendo en un círculo vicioso que va de la autocompasión a la autodenigración. Ante esta situación habría que hacerse el favor de no ponerse varas o hacer un gran esfuerzo para autosuperarnos.
Contestar a alguien, confrontar cuando no estamos de acuerdo, elegir entre el camino de la conveniencia o de la consciencia, son unas pocas de las tantas situaciones que nos obligan a definirnos y pagar el costo que implica descartar algo para elegir una opción.
Por cada elección que realizamos en nuestra existencia, hacemos una especie de balance que no siempre resulta grato, puesto que aquello que quedará del lado de afuera del círculo que enmarca nuestra personalidad, es muchas veces una característca a la que aspiramos aún si no se trata de una cualidad que respeta nuestra esencia. Todos quisiéramos ser de amianto, insensibles ante el dolor o irreverentes ante la culpa. Algunos quisieran parecer a superman, otros imitar a la mujer maravilla y otros más a santos o gurués; no obstante, en una personalidad balanceada, no hay extremos, menos imitiaciones y por eso hay algunas preguntas básicas que haríamos bien en responder antes de descartar un camino y elegir tomar posición. .
1: Soy LIBRE de decidir?
Cuando tenemos una disyuntiva, no siempre somos tan libres como creemos: nos acucian las voces de nuestros padres, de la sociedad y de lo que "se dice" que hay que tener/ser/parecer feliz.
Solemos buscar muchas veces la dicha, la aprobación o el éxito siguiendo "mandatos" que poco tienen que ver con lo que en realidad nos entusiasma. Por lo tanto es bueno revisar todo lo que se interpone en en la mente como cuestionamiento al propio deseo, debiendo saber si ese argumento es algo realmente válido o algo que se desprende de la culpa o del prejuicio.
2-Lo que voy a decidir, es un paso en dirección a ser quien quiero ser?
Cada decisión es un paso y cada paso construye nuestra identidad. Si lo que voy a hacer me avergüenza, denigra o disfraza, definitivamente el resultado será convertirme en alguien con doble faz que libra una batalla con dos frentes: uno interno, entre una y otra cara-, y otro externo para tratar de convencer y convencernos de que hemos hecho lo correcto. Al final terminamos siendo esclavos de esa impostura, ya que de tanto falsear nuestra verdadera identidad, terminamos por identificarnos con nuestro invento. Pasado un tiempo considerable de llevar la máscara, no sabemos que responder cuando alguien nos pregunta: QUE TE HARÍA REALMENTE FELIZ?. Y sí, hace mucho que no somos nosotros y nos hemos perdido en el camino de las elecciones.
3-Tomo la decisión que tomo con vistas a dar marcha atrás?
En muchos casos, nos imponemos algo que es correcto pero a último momento, llevados por la inseguridad y poca autovaloración, reculamos y cedemos a un impulso que sabemos será motivo de arrepentimiento. En este caso no queremos pagar alguna consecuencia que por el momento, resulta mucho más importante que nosotros mismos. Poner la vara alta para no poder llegar y dar recurrentemente marcha atrás, genera un sentimiento de fracaso que a su vez transmite una enorme volubilidad. De este modo, nos volvemos poco confiables para nosotros y obviamente para los demás, cayendo en un círculo vicioso que va de la autocompasión a la autodenigración. Ante esta situación habría que hacerse el favor de no ponerse varas o hacer un gran esfuerzo para autosuperarnos.
Si has evaluado mínimamente estas 3 opciones, lo único que te queda es NO AUTOENGAÑARTE!.
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