sábado, 29 de abril de 2017

HACER EL AMOR, TENER SEXO Y UNA SOCIEDAD EN LLAMAS CON RESPONSABILIDADES COMPARTIDAS

Todos los días mueren mujeres en todos los países a manos de amantes, maridos, encuentros ocasionales y etc. 
Pedimos al estado, a la pareja, al marido o al tipo con quien estamos que nos trate bien. Sin embargo todos ellos son los causantes de guerras, desguaces y violencia. Las armas no las empuñan las mujeres, pero aún así, tenemos que ir un poco hacia atrás y  hacernos cargo de nuestras mentiras, cuyos efectos creímos piadosos pero son ahora devastadores. 

Este estado de cosas, no nació de un "brote" de locura, ni está aislado de un contexto mundial en el que parar vivir, hay que ser prácticamente de hierro, feroz y descarnado al punto de ver muertos en televisión y poder seguir comiendo. Nació de aplaudir la crueldad con la que se trató todo lo femenino, suave, fértil.

Esta es una cultura violenta que amenaza a todo el globo porque ha creado un estado de total falta de compasión, ternura, protección, cariño y empatía. La gente es arrancada de sus trabajos, hambreada, pistoteada en sus derechos, contada como si fueran cuentas de un collar y puestas en una planilla excell en forma de números y estadísticas.  Igual que el hombre que cuenta las mujeres con las que tuvo sexo.

Se arman guerras por un pozo de petróleo y se mete cianuro en la tierra para sacar millonarias ganancias para dos o tres, como se sacan las entrañas de un bicho por puro placer de un par de enfermos o se despellejan animales porque a algunos les place ponerse su piel o adoran ver como se quema su pelaje.  
Todo lo que sea receptivo como la tierra, bello como la naturaleza, paciente como una mujer que espera un hijo, cuenco que recibe la vida, cuenca de un río que corre con el agua que riega y fertiliza para que todo crezca, está en peligro de extinción. 

Pero como llegamos ahí?. Creando/criando/cocreando/participando/alimentando/aplaudiendo una cultura llena de agresividad.  Para  empezar, nosotras nos plantarnos por fuera de nuestra sensibilidad y natural tendencia a proteger a todo lo que está creciendo hasta desprotegernos a nosotras mismas. Nos transformamos en fingidoras profesionales de orgasmos y placer para hacerlos sentir bien, en objetos  sexuales y atractivos para cazarlos/casarlos. Con eso, pensábamos atraerlos para formar un hogar. Creíamos que dándoles lo que tanto querían, nos iban a amar. "Se van con otra si no lo hacés", y más vale que les des bien de "comer" en casa para que no te metan los cuernos, -cosa que les dejó creer que el apetito sexual era nuestra necesidad natural y no nuestro termor  a que nos dejen por otra. 

Es que en el fondo, nosotras sabíamos que así como no teníamos tantas ganas de ir a la cama sobre todo después del año de convivir, teníamos claro que afuera había otra que soñaba con tener un hombre en casa y estaría dispuesta a la misma treta con tal de no ser la soltera.  

El problema es que para ellos fué haciéndose un trofeo, -como vemos ahora provisorio-, pero para nosotras fué el comienzo del auto-engaño que hoy recogemos con dolor. Para ambos fué la mentira de disfrazar al sexo con amor, porque mientras los hombres reclaman lo primero, las mujeres nos quejamos por lo segundo. Nos hemos dejado confundir, hemos sido inconscientes, hemos mentido y noshemos mentido, sin tomar dimensión  aún de cuanto hacemos hoy en nuestra contra.  

Son miles de mujeres las que aplauden mensajes misóginos y eso es alarmante.  Tenemos lavado el cerebro, nos han educado por décadas bajo preceptos falsos de lo que es ser mujer mientras el hombre aún no cree que se han deglutido una cantidad alucinante de orgasmos fingidos por mujeres que no eran ninfómanas sino desesperadas de afecto y compañía.

Nos hicieron creer que amor era igual a sexo, por eso había que casarse con el que te hubiera desvirgado. Es como decir que solo te podés comer un chocolate a partir del día en que decidís obligarte a comértelo todos los días.  Pero la obligación es el antídoto del placer.
Aún no tenemos la más mínima consciencia de que fingirles los orgasmos alimentaba su ego. Llegamos a hacerles creer que ellos eran la causa de nuestra felicidad: "estar bien cogidas", era hasta un remedio para nuestra histeria, algo que por otra parte, salió de la mala e incompleta interpretación del psicoanálisis en chancletas que se difunde por toda la web a nombre de Freud.
Alimentando el mito del poder mágico que su miembro viril tenía sobre nosotras, se nos fué la mano sin entender ahora las consecuencias. Ellos fijaron su importancia y poder en el tamaño (de sus penes, de sus posesiones, de su crueldad), en cantidad de polvos al hilo (quitando importancia al ser humano que tenían en frente y dándole a lo sumo un número y putaje), en cuantas "minas" se habían volteado, (como se hacen los balances contables), y cual era más cruel que el otro en tomarlas y descartarlas como objeto:
"es un depredador",
"es un rompecorazones", 
"se las hace al brochet", 
"la partió como a un queso"
Esto remite/remitía al amor?. A ver alguien como una "comida", como un corazón desangrado?. O me van a decir que hablar amorosamente de alguien es decir que el fulano "se las enhebra" o que ellas "se mean de a chorritos por el campeón sexual" que "la tiene de oro"?

Todo dicho popular guarda sabiduría. Tenemos que revisarlos porque estos son unos de los pocos monumentos recopilados en este artículo para definir al falocentrismo a través de los cuales, entre machos, se felicitaban por el fruto de sus hazañas y cacerías. La cantidad, el dominio el poder y el distingo que creaba ser el "poronga", era el sello de ser un verdadero hombre. Ni siquiera un animal hace eso, pero bueh..., aquí estamos. Tratando de mostrarles que su crudeza no causa felicidad. Pero tenemos una ardua tarea: enfrentar un mundo en guerra, una forma de economía relacionada a la escalada del poder y el dominio, una forma de vivir egoísta y sin compasión, llenas de sangre en noticieros que se miran a la hora de comer o mirando a un jubilado que llora porque no tiene para comprar una fruta como algo normal. 

Nosostras,  participamos de este juego por no ser conscientes de que nos comportamos como cosas. Seguimos mirando a Tinelli y aceptando que información es ver Intrusos y novelas pedorras. Nosotras somos las que les damos rating a  las novelas del hombre rico que seduce a la sirvienta, rescata a la pobre mujer desdichada, cura la ceguera de una condenada a la oscuridad o hasta le devuelve la memoria o la vida con un beso. Dios nos libre!.
Pero algunas de nosotras empezamos a entender que no tenemos dueño, nos ponemos la pollera no para que la corten sino porque se nos canta y si pesamos 1000 kilos, también usamos calzas. 

Pero nos costó mucho sufrimiento y desdén empezar a quitarnos el lavaje de cerbro. Nos costó sobre todo entender (y nos cueta), que tener sexo NO ES HACER EL AMOR. 

Se hace el amor cuando nadie es objeto de nadie, nadie le finge nada a nadie, nadie es tan animal con el otro como para castigarlo cuando no tiene ganas.

Podemos follarnos a medio mundo pero hay que tener en claro que EL AMOR no viene por ese lado. El sexo es UNA ATRACCIÓN HORMONAL que encima hoy está en entredicho. Paradojalmente, la libertad sexual puede requerir que cerremos las piernas antes que un loco enfermo nos mate si no queremos acostarnos más con él.  Y si antes las abuelas te decían que no hagas nada antes del casammiento, hoy la cosa pasaría por no hacer nada a cambio de nada; de droga, de cariño, de promesas. 
Recuerda que amor no es sexo. Que no se canjea. Que no se finge. Difícil va a ser ser libre de cualquier cosa, -incluso sexualmente-, cuando somos esclavos de un sistema que se basa en la crueldad sobre todo lo que es tierno. 

lunes, 6 de marzo de 2017

MUJER


El siguiente  escrito, es un fragmento del libro "Teoría King Kong" de Virginie Despentes, una ex prostituta que decidió escribir y revolucionar. Aquí lo que nos dice de un modo claro, conciso, rotundo.


Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro.


Me parece formidable que haya también mujeres a las que les guste seducir, que sepan seducir, y otras que sepan casarse, que haya mujeres que huelan a sexo y otras a la merienda de los niños que salen del colegio. Formidable que las haya muy dulces, otras contentas en su feminidad, que las haya jóvenes, muy guapas, otras coquetas y radiantes. Francamente, me alegro por todas a las que les convienen las cosas tal y como son. Lo digo sin la menor ironía. Simplemente, yo no formo parte de ellas. Seguramente yo no escribiría lo que escribo si fuera guapa, tan guapa como para cambiar la actitud de todos los hombres con los que me cruzo. Yo hablo como proletaria de la feminidad: desde aquí hablé hasta ahora y desde aquí vuelvo a empezar hoy. Cuando estaba en el paro no sentía vergüenza alguna de ser una paria, sólo rabia. Siento lo mismo como mujer: no siento ninguna vergüenza de no ser una tía buena. Sin embargo, como chica por la que los hombres se interesan poco estoy rabiosa, mientras todos me explican que ni siquiera debería estar ahí. Pero siempre hemos existido. Aunque nunca se habla de nosotras en las novelas de hombres, que sólo imaginan mujeres con las que querrían acostarse. Siempre hemos existido, pero nunca hemos hablado. Incluso hoy que las mujeres publican muchas novelas, raramente encontramos personajes femeninos cuyo aspecto físico sea desagradable o mediocre, incapaces de amar a los hombres o de ser amadas. Por el contrario, a las heroínas de la literatura contemporánea les gustan los hombres, los encuentran fácilmente, se acuestan con ellos en dos capítulos, se corren en cuatro líneas y a todas les gusta el sexo. La figura de la pringada de la feminidad me resulta más que simpática: es esencial. Del mismo modo que la figura del perdedor social, económico o político. Prefiero los que no consiguen lo que quieren, por la buena y simple razón de que yo misma tampoco lo logro. Y porque, en general, el humor y la invención están de nuestro lado. Cuando no se tiene lo que hay que tener para chulearse, se es a menudo más creativo. Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar como mujer siempre excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado gorda, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril, me dicen. Son, sin embargo, mis cualidades viriles las que hacen de mí algo distinto de un caso social entre otros. Todo lo que me gusta de mi vida, todo lo que me ha salvado, lo debo a mi virilidad. Así que escribo aquí como mujer incapaz de llamar la atención masculina, de satisfacer el deseo masculino y de contentarme con un lugar en la sombra. Escribo desde aquí, como mujer poco seductora pero ambiciosa, atraída por el dinero que gano yo misma, atraída por el poder de hacer y de rechazar, atraída por la ciudad más que por el interior, siempre excitada por las experiencias e incapaz de contentarme con la narración que otros me harán de ellas. No me interesa ponérsela dura a hombres que no me hacen soñar. Nunca me ha parecido evidente que las chicas seductoras se lo pasen tan bien. Siempre me he sentido fea, pero tanto mejor porque esto me ha servido para librarme de una vida de mierda junto a tíos amables que nunca me habrían llevado más allá de la puerta de mi casa. Me alegro de lo que soy, de cómo soy, más deseante que deseable. Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que llevan la cabeza rapada, las que no saben vestirse, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen los dientes podridos, las que no saben cómo montárselo, ésas a las que los hombres no les hacen regalos, ésas que follarían con cualquiera que quisiera hacérselo con ellas, las más zorras, las putitas, las mujeres que siempre tienen el coño seco, las que tienen tripa, las que querrían ser hombres, las que se creen hombres, las que sueñan con ser actrices porno, a las que les dan igual los hombres pero a las que sus amigas interesan, las que tienen el culo gordo, las que tienen vello duro y negro que no se depilan, las mujeres brutales, ruidosas, las que lo rompen todo cuando pasan, a las que no les gustan las perfumerías, las que llevan los labios demasiado rojos, las que están demasiado mal hechas como para poder vestirse como perritas calentonas pero que se mueren de ganas, las que quieren vestirse como hombres y llevar barba por la calle, las que quieren enseñarlo todo, las que son púdicas porque están acomplejadas, las que no saben decir que no, a las que se encierra para poder domesticarlas, las que dan miedo, las que dan pena, las que no dan ganas, las que tienen la piel flácida, la cara llena de arrugas, las que sueñan con hacerse un lifting, una liposucción, con cambiar de nariz pero que no tienen dinero para hacerlo, las que están desgastadas, las que no tienen a nadie que las proteja excepto ellas mismas, las que no saben proteger, esas a las que sus hijos les dan igual, esas a las que les gusta beber en los bares hasta caerse al suelo, las que no saben guardar las apariencias; pero también escribo para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos, vulnerables, los que prefieren ocuparse de la casa que ir a trabajar, los que son delicados, calvos, demasiado pobres como para gustar, los que tienen ganas de que les den por el culo, los que no quieren que nadie cuente con ellos, los que tienen miedo por la noche cuando están solos.

sábado, 4 de febrero de 2017

QUE SE LLEVA REALMENTE EL LADRÓN CUANDO HURTA?


Cuando alguien hurta dinero, contenido, una media o un lápiz, tiene que ver con sentirse en falta, con proyectar en el otro algún tipo de poder/saber que se considera en falta en sí mismo pero se envidia en el Otro.

En psicoanálisis, la "envidia de pene", -eso que tiene el otro y yo no tengo-, hace referencia no a un genital, sino al símbolo fálico, al obelisco representante del poder y al atributo alrededor del cual se teje cada historia individual, en contraposición a lo que se considera "la falta". El tener y la falta son, en definitiva, un modo de construir la propia identidad. Cada uno creer tener algo y cree estar en falta de también de algo. Lo que se tiene es el falo, lo que falta es producto de la castración.


El término la castración, -los seres considerados castrados-, remite a lo femenino por la misma razón por la que una niña espera que "le crezca" lo mismo que tiene su hermano, y de entrada y por tal motivo la mujer, comienza su definición desde la falta. No es ilógico que se la trate como un inferior, se le pague menos y se la muela a golpes.

Cuando alguien proyecta en otro al falo, tiene la tentación de robárselo si se siente castrado e impotente. El robo es una manera fácil de hacerse del poder del otro para erigirlo como propio. Por supuesto, hay muchas otras más significaciones para esto que es solo "la puntita" de una cuestión más compleja. Sin embargo prestemos atención: la impotencia de quien sustrae algo, es la del ladrón que no quiere aceptar su natural falta y desea poder mostrar a los demás una potencia/saber/poder que no es suya. El ego es siempre el factor por el cual se vanagloria la imagen. Pero en la imagen, siempre está la trampa y siempre el velo que cubre la falta.

jueves, 2 de febrero de 2017

EL MUNDO DEL SENTIMIENTO EN EL RÍO DEL OLVIDO

En años de profesión, voy observando que lo que llamamos "cura", va en un sentido sumamente peligroso. El ser humano es tratado psicológicamente como si fuera un papel en blanco al cual dirigir el dedo índice y señalar lo que está bien sentir, si es lógico, ilógico, normal productivo, sensato o improcedente, útil o inútil.

El daño que se inflige a las personas haciendo cirugía mayor en su alma, consiste actualmente en procurarle un reordenamiento de sentimientos en base a razones: lo que hay que olvidar, lo que hay que dejar de lado, lo que es importante, lo que no, lo que hay que superar, lo que es normal, lo que es conveniente, lo que hay que poner en primer plano, lo que hay que repetirse, a donde hay que concentrarse y en qué situaciones hay que hacer de cuenta que algo o alguien no existe!!!...

Si a eso le sumamos las autoafirmaciones, los decretos, mantras y una cantidad de cassettes automáticos que evitan la reflexión, estamos sinceramente condenados a caminar eternamente pisoteando nuestros problemas, algo muy distinto a resolverlos.

El asunto es que la razón, los actos de voluntad y el deber, no pueden contra lo que se siente. Lo que sentimos pertenece al terreno de lo subjetivo y querer curar algo que es natural tener, -subjetividad-, es como querer operarnos de un brazo porque consideramos que solo ese sirve y con uno solo nos basta.

Por otro lado, querer llegar a dominar la vida en base a pura objetividad y amputando partes de nuestro ser, -incluso de nuestra historia por considerarla un apéndice innecesario, un estorbo o algo que en teoría no se puede solucionar, como si no fuese posible leer un cuento por segunda o tercera o milésima vez y encontrar detalles que nos cambian la mirada-, es como querer salir caminando sin piernas, sin saber de donde venimos y por qué elegimos el camino de ir hacia donde vamos.

La actual forma de tratar el dolor psíquico, es hacer de cuenta que nacimos hoy y que tenemos una nueva vida. Y bajo ese principio se orienta a las personas a desconocer por qué son quienes son. Como llegaron hasta aquí y como poder cambiar.

La razón y la fría lógica que se recibe como orientación y remedio en una terapia de este tipo, es además la razón de un "otro" que se coloca en una posición de poder y de saber frente al paciente, ordenando en su mente lo que para él es prioritario y desoyendo el dolor que por supuesto, no siente en sí mismo ni padece. Esa forma de curar suena más a un padre que formatea la vida de su hijo, que un terapeuta que sana.

Sanar no es ordenar, no es señalar lo que se debe y lo que no. Tal como en la medicina, si uno no busca la raíz del mal, nos convertimos en consumidores de parches, en receptores de recetas, consejos o pastillas para tapar lo que nos pasa. Tapamos síntomas, tapamos recuerdos, dolores y tiempo; los borramos como se borran los errores ortográficos con una goma de borrar sobre el papel. Pero el magullón en la hoja, en el alma o en el cuerpo, queda y la causa sigue viva escondida como la Hidra en el fondo de nuestra caverna psíquica.

Esa forma de sanar lo que fuere, cuerpo, alma o psique, es la que causa los mayores problemas en esta humanidad que olvidó detenerse, observarse, pensar, respetarse y concederse tiempo para comprender y saber de sí lo que hoy cree saber de los demás.

Hoy no hay tiempo para los duelos, porque tal como lo indica la palabra duelo-dolor, esto lleva tiempo para tramitar y el tiempo es dinero. El dolor se ha catalogado como algo "anormal" cuando en realidad es la única forma de alarma que nos advierte que tenemos que parar a ocuparnos de nosotros.

La palabra superación pasó a ocupar el lugar de la palabra elaboración y pasamos por encima todo lo que tendríamos que tratar con respeto. ¿No pasa eso acaso también con los viejos, con los niños, con todo lo que demanda TIEMPO?.

Hoy hay que pararse enseguida ante cualquier caída para seguir corriendo aunque no sepamos hacia donde ir. En el trabajo se te puede morir un hijo pero tenés que superarlo. Es mal mirado aquel que necesita reponerse a un problema y es puesto en el lugar del "haber" contable cualquiera que esté pasando por una crisis o incluso por algo que le convierta en un ser humano. Desde un embarazo hasta una preocupación familiar, son tildados para el día de mañana saber a quien despedir primero.

El reino del pum para arriba y de la cultura feliz, se ha erigido en un modo de vida, una moda a la que tememos desobedecer para no quedar "afuera".  Hay que decir siempre y ante todo, que uno está re bien!, viste?, y no nos tomamos un minuto para llorar, porque eso es debilidad y además pone en fuga a todos los que nos rodean mientras somos máquinas de reir y sacarnos selfies.

Han amputado todas nuestras reacciones naturales, han enterrado nuestras dudas y han señalado al mundo emocional como si fuera una basura a descartar. La psicología se ha puesto más mágica y fast y pululan los consteladores, couchers (como si fuese el alma cuestión de entrenar), los neuropsicólogos que nos toman como un cacho de nervios y neruonas y los chamanes que con dos simples pasos de baile, te elevan a la categoría de ser metafísico. Algo genial para el ego, mortal para el alma.

Demonizaron al remedio más efectivo de la palabra para asegurar que la cura de Freud, de Jung y de los psicólogos profundos, no sirve. No sea cosa de que pidas uno de esos por la obra social y tengan que pagar por mucho tiempo un tratamiento que a ellos les lleva más dinero del que están dispuestos a invertir por tu alma.

La cultura, la ciencia y los que tienen el poder de decidir sobre el destino de todos, formatean el cerebro y las creencias de todos, entronizando a los popes que llevan a consumir y a vivir de la superficie. Los estudios para sanar el alma son cursos de unos meses y las terapias son fast.

Lustramos un poco, maquillamos otro tanto y váyase..., para volver a enfermar, vovler a pagar y volver a irnos solo un poco más ordenados de como vinimos.

Claro, así seguro que Ud. sentirá que es su culpa. ¿Como no responde a ningún tratamiento?. ¿Que clase de bicho raro es Ud.?

Mientras tanto, se va convenciendo y haciendo a la creencia de que sin dudas, Ud. es la rareza, el Cuasimodo al que no le hacen efecto los mantras y las fórmulas que le dieron para remediar su dolor, junto con las palabras del psicólogo que le hablaron de lo que debe hacer o practicar en lugar de escucharle. Y después de todo, debe ser cierto que es su cabeza resistente a todo trataniento, porque a fulanito se lo ve feliz y yo aún, -piensa para sus adentros-, me siento mal. No es cierto?.

Claro, lo que le faltaría conocer es que fulanito, igual que Ud.,  usa la misma máscara feliz para que no se le note la tristeza.

No es en vano que hoy se repita el lema ese que dice: como te ven te tratan, si te ven mal, te maltratan. Se ha tomado esto como sabia receta cuando lo único que hace es maquillar la apariencia, la superficie, porque adentro...,  adentro podés estar podrido, amargado, enojado, triste!, pero que no se note. Muy bueno para televisión, muy malo para el alma.

Por lo general, la cura está donde nos dicen que no está. Hemos creído tanto que no tenemos que hablar del dolor que hoy nos reunimos solo si son festejos y hasta en los velorios, hay menos gente. La cultura de la felicidad es en realidad un cáncer que pretende dejar en el tártaro las comunes penas, las dudas, las lágrimas, los traspies, la historia dolorosa, los obstáculos, los miedos. Pero deja de lado todo eso, convéncete o déjate convencer de que eso es debilidad a superar y salta por encima de tus problemas. Del otro lado estará la muralla contra la que volverás a rebotar.

El primer paso para sanar, es aprender a respetar lo que uno siente.  Y lo que no resulevas en tu interior, no se irá posando para la foto que publicas con tu mejor sonrisa. Eres un ser hecho de tiempo y palabras. Y el tiempo no es solo pasado, ni solo presente, ni solo futuro. No lo olvides.
                                                                                                       -Lic. Gabriela Borraccetti-

sábado, 14 de enero de 2017

EL PENSAMIENTO BINARIO: EL ETERNO CONFLICTO

Estamos inmersos desde que nacemos en una forma de pensar que divide las aguas en dos: derecha e izquierda, día y noche, blanco y negro, bueno o malo, a favor o en contra. Todo se trata de un versus que lo que primero levanta, es la autocrítica y favorece la proyección. Si hay algo que es erróneo o equivocado, estará automáticamente de la vereda de enfrente, generándose así un péndulo cuyo movimiento será de un polo a otro sin jamás verificar si existe algo dentro de la vereda que uno habita, que sea causa del problema que nos enfrenta.

Otra trampa es la del mal menor, un sucedáneo que se utiliza para poner parches cuando no queremos hacernos cargo de que, aunque sea menor, es mal. Digamos que es el método lento pero seguro para terminar en la vereda que tanto criticamos. Pero lo utilizamos porque la consciencia tiene menos trabajo y se tranquiliza conque hace mal, pero poquito.

Con el tiempo, poquito más poquito, hace un mucho. Y cuando ya es mucho, sin darnos cuenta, nos cruzamos de vereda y defendemos con igual fruición nuestra necedad.

Por entre las rendijas de este modo de pensar, se escurre algo que se llama CONSCIENCIA, y si bien se la relaciona con otro versus/polaridad/vereda que se define en términos de consciente e inconsciente, no hay que olvidar que la consciencia es un recorte de la realidad y lo inconsciente su total falta, siendo la consciencia en tanto toma de conocimiento, iluminación y esclarecimiento, la única forma de ir recortando pequeñas porciones de inconsciente para ser llevadas e integradas a ese sistema llamado consciente en el que podemos delimitar las cosas y entenderlas mejor.

En síntesis, la palabra consciencia puede prestarse a confusión cuando se la usa como mecanismo de conocimiento o como el lugar "topográfico" a donde va a parar algo que pasó por ese mecanismo.

Hacer consciente lo inconsciente es un eterno proceso que no puede estancarse. Cruza de vereda a vereda todo el tiempo en búsqueda de una SÍNTESIS mayor. Se sale del pensamiento binario de blanco y negro y corta el péndulo. Nos señala que lejos de proyectar, hay que ver cual es el punto en que nos equivocamos. Esto no evita que exista otra vereda, pero sí evita que nos pasemos la vida reaccionando contra algo cuya solución, está muchas veces dentro de la misma esfera de acción.

Yo no voy a solucionar mis problemas de pareja matando a mi cónyuge. Eso es una mentalidad binaria. Tampoco voy a remediar una grieta pidiendo al otro que cambie porque yo se lo digo, lo acuso o lo juzgo.

Lo más lógico será encontrar la razón por qué elegí un compañero/problema/conflicto/situación/enturnto como ese y descubrir así que quizá haya sido lo mejor que pude hacer para no hacerme cargo de mi propio problema.

Cuando hacemos CONSCIENCIA, hallamos que el centro del conflicto no es lo opuesto, sino algo muy diferente que se encuentra por lo general en un problema no enfocado y que ha quedado por fuera de la díada correcto-incorrecto. Descubrir eso, implica permitir salir del lugar de la "reacción", del lugar de devolver la agresión, el contraargumento, el péndulo y la rueda del hamster.

Si no podemos ver que quizá el centro de un problema está en otro lugar, -o incluso está compartido-, viviremos repitiendo el vaivén pendular, dando tontas vueltas y eternamente enzarzados en batallas de buenos y malos que existen porque nos encargamos de alimentar esa lógica tan escasa de acción y reacción.

 Por algo el símbolo del yin y el yang, tiene un punto negro en el lado blanco y uno blanco en el negro y aunque nos hagamos los eruditos espirituales, lo usamos solo para ilustrar nuestros muros o redes sociales.

Hay que animarse a cuestionar lo que nos venden como conflicto en el cual lo fabuloso, limpio y blanco está de un solo lado, porque en esa presentación se esconde el veneno de un versus que no suele ser más que una distracción. Y así es como aprendemos a pensar y a tragar, -no analizar ni buscar mayor conocimiento-, todo lo que escuchamos.

Lo que no se cuestiona, vive y pervive y se desplaza a otros conflictos que tarde o temprano, en el modo binario de pensamiento, hace que el péndulo pase como destino y condena segura de un extremo al otro sin haber aprendido absolutamente nada. Y si no, a las pruebas me remito en temas históricos, en las sucesiones del poder, en cuestiones de pareja.

Cada vez que veas dos polos en claro conflicto, desconfía. Con eso, habrás dado al menos un paso en favor de un centro que quizá sea mucho más importante que el versus superficial con que te estás entreteniendo.

Además, con esto, estarás dando posibilidad a que algo nuevo se manifieste en tu vida y en cualquier ámbito de la vida que parezca ser una monótona sucesión de repeticiones sin solución. DONDE NO HUBO SOLUCIÓN, HUBO REPETICÓN. Recuerda esto.

sábado, 7 de enero de 2017

QUE TE DEJARON LOS REYES EN PSÍMBOLOS


Cuando era pequeña, solía preguntarme si aquello que pensaba acerca de casi cualquier cuestión, era tan cierto e inamovible que sería capaz de sostenerlo por siempre. Esa era la única forma de revisar si mis razonamientos o deducciones, eran de fiar. Era el modo de mantenerme en un lugar lejano al de la certeza aunque cercano a mi verdad, tratando con ello de equivocarme menos que los adultos, cuyo único argumento, -según mis observaciones hasta aquel momento-, me hacían pens...ar que imponer algo tan solo "porque soy grande y sé más que vos", era simplemente algo muy poco confiable.

Me preocupaba mucho el futuro y quien fuera a ser yo. Detestaba la idea de que mis hijos me vieran como un bodoque sin fundamentos, sin criterio ni sensibilidad y practicaba la duda antes que el mandato. A ver si terminaba por convertirmer en eso que tanta bronca me daba!.

Entonces, ante cada tema que creía importante, me decía: "esto que pienso hoy, lo voy a pensar aún cuando sea grande?". De ser la respuesta negativa, entonces evaluaba otras opciones. Cuando uno sabe que por hacerse mayor va a ver las cosas de otro modo, entonces uno no debe engañarse. Y se ve que estaba bastante consciente de ello. Demasiado, quizá.

Entre las preguntas más fundamentales, estaban la de la existencia de dios, la muerte, los perros, su alma y las muñecas. ¿Me gustarían tanto por siempre?, o cuando creciera, ya pasarían a ocupar un cajón y el olvido?.

Es que amaba tanto a mis pequeñas que no solo dormían conmigo. Cada una hablaba y tenía personalidad, pensamientos y respuestas que parecían surgidos de un lugar que no era "yo". Gracias a eso, pensaba que eran seres independientes de mí y que sería un horrible monstruo si las olvidara algún día. Que clase de frialdad tenía que tener alguien para archivar tanto juego?. Cual sería mi desagradecimiento por tantas horas de compañía y aprendizaje?. Tan ingrato es el corazón de la gente que al ir apagando velitas, se olvidan de lo que es realmente importante?. Entonces sentencié: JAMÁS VAN A DEJAR DE GUSTARME LAS MUÑECAS.

Y tuve razón. Nunca dejaron de gustarme. Es el día de hoy que si salgo a comprar algo para mis nietos, tengo que pensar que lo primero es regalarles criterio, porque si no, lo primero que tiendo a llevar, es uno de esos compañeros inestimables que se apropian de un pedacito de corazón. Aunque sigo dudando si el criterio lo adquirí antes o después de mi primer muñeco. <3
Felices Reyes para tod@s!!!

viernes, 18 de noviembre de 2016

QUE SE HA QUEBRADO EN LAS RELACIONES?, DEL NO TENGO NOVIO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO


-por Lic. Gabriela Borraccetti-

A medida que pasa el tiempo y vamos alejándonos de los años en que la mujer era la fregona de la casa, arrodillada para limpiar el piso y condenada a ser un modelito de predisposición para la vista y los antojos de su marido, nos adentramos en una cada vez mayor encrucijada respecto de cual es el rol de una mujer que no quiere ser ni la geisha del hombre, ni la SOLTERA que pasa por "rara" por no "conseguir" pareja.

El problema es que hay muchas cosas que hemos cambiado y nos pasan desapercibidas a la hora de evaluar POR QUÉ estamos sueltas (no solas como se nos quiere hacer creer).

En primer lugar, no hay que olvidar que el matrimonio y la monogamia, no son otra cosa que un invento cultural creado para asegurarle al señor que su señora esposa, no le será sexualmente infiel.

Eso de que "la madre es siempre cierta, el pater sempre incertus est",  no es solo una frase que describe lo imposible de saber a ciencia cierta si el esperma que entró en el óvulo de la mujer, es el del "dueño" de esa propiedad sexual privada que hemos sabido ser,  sino que fué el motivo principal por el cual se creara el tabú de la VIRGINIDAD, seguido para refuerzo por la institución del SAGRADO MATRIMONIO,

Una vez  ingresada al mundo del registro civil y anotadas en un libro de oficialidad,  sigue el consumo de los espejitos de colores con la  emocionante bendición, -las que quedan afuera no tienen esa dicha-, el vestido blanco pureza, - que remite al himen intacto que de intacto no tiene nada-,  la fiesta, -un derroche de dinero que podría garantizarnos más de un viaje de placer-, y la entrada triunfal por la pasarela de alfombra roja, quizá única posibilidad de convertirnos en una STAR.

Este último paso es fundamental, puesto que TODAS LAS MIRADAS se posarán boquiabiertas en nosotras, -al menos eso imaginamos-, cumpliendo así el deseo infantil de cobrar la fama y el mismo protagonismo que las estrellas de Hollywood. (Otra de las trampas del ego que entusiasma más por el cotillón, que por la fe  sospechosa de tanta gente que para lo único que entró a la iglesia, fue para ser OBJETO de la mirada del otro y no quedar fuera del plato de los sacramentos).

Acto seguido, el rito se cierra con la argolla en el dedo, es decir con la "idem" sellada y obturada en incorruptible oro, dejando entender que allí, en ese agujero, no entrará más que ese solo dedo. (Léalo como guste).

Hasta acá, las cosas como nuestras tatarabuelas, abuelas, madres y en realidad toda la cadena de mujeres que nos precedieron, nos enseñaron. Y vaya que por suerte, no salió muy bien.

Las hijas de la última generación de vírgenes temerosas de no poder casarse jamás, dio  a luz a las primeras hetairas que se atrevieron a denunciar que tenían hormonas, que querían libertad y para ello,  entre otras cosas, se sumaron a la casa, los hijos, la limpieza y la cocina, el yugo de la vida laboral bajo patrón.

Eso nos haría libres. Pero... libres de que o de quien?.

Ninguna quería parecerse a su madre: la esclava familiar encerrada siempre en casa, que con el carácter agrio y llorando en secreto su hartazgo, escondía la siempre insidiosa sospecha o confirmación de que "allá afuera", todos tenían una vida que ella desconocía. Incluida la de su marido.

YO NO VOY A SER IGUAL QUE VOS!, fué el grito de guerra. Y ahí empezó la desobediencia.

Dejamos de temer la soltería, nos abrimos a la sexualidad, al trabajo y a las mismas tareas que el hombre, pero no dejamos en el fondo de ser Susanitas.

El problema es que roto el pacto de principal interés, -el controlar la sexualidad femenina para apuntalar el poder masculino-, ¿cual es el negocio de casarse con alguien que ya no tenga miedo de ser estigmatizada, apedreada y dejada fuera del mercado casamentero por haber roto su himen antes de la boda?

Sin darnos cuenta, rompimos con el contrato sexual disfrazado de amor, blancura y campanitas. El cerrojo que se nos colocó en los labios inferiores se abrió y eso nos vale ahora la violencia de género y el lugar de objeto descartable.

Hemos escuchado, seguimos viendo y nos seguirán alimentando a fuerza de novelas, -ahora a través de facebook por si no tenemos tiempo de ponernos a tejer mirando la tele a la tarde-, los viejos libretos que ahora, solo sirven a las ganancias de la industria de la fiesta y tratan de mantener una serie de variables que sostienen un sistema de consumo que moriría si se termina la institución del matrimonio.

Para quienes manejan el poder y saben del negocio que significa la familia, no será nada difícil hacernos la película de que existe en algún lugar el hombre tierno, incondicional, que muere en silencio por nosotras, se hace el duro pero en realidad nos escucha y después de trabajar todo el día, no ve la hora de preparar el mate para esperarnos en casa y saber que nos sucedió en el trabajo, aunque disimule malestar para no parecer un flojo. Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! que paraíso!.

En lugar del anillo, -y como no encontramos otra forma de ponernos vestidos para pisar un altar donde todos nos vean-,  nos sacamos selfies con un beso para colocar en la portada de la red social y dejar en claro que EL ME PERTENECE.

Obviamente, las que no consiguieron una foto pública, -supletorio devaluado del antiguo anillo-, evalúan ese gesto como signo de "novia oficial", aunque la oficialidad hoy dure 3 días.

Como vemos, en un análisis simple, básico y sin entrar en demasiados detalles, podemos comenzar a observar que la liberación nos valió violencia de género: se nos pega y se nos castiga por haber dejado de ser una propiedad y un servicio de cama y lavandería a cambio de una sortija.

Y por supuesto, hasta que comprendamos de verdad, en forma íntegra y esencial el significado de nuestra libertad, tardaremos en asimilar que no tenemos que dar pasos hacia atrás, llorar y ceder hasta el maltrato, para no sentirnos "fuera del mudo". Recién comienza un duro camino de despertar a una verdad que está lejos del mundo que nos pintaron con moños rosa.

Aún nos queda mucho por comprender acerca de nuestro papel en el mundo: no se trata de ser la señora de, no se trata de ser la flaca, la linda, la exitosa para.... Se trata de ser personas felices antes de buscar la felicidad en el único y fracasado modelo de tener que ser un bien que se anota como  perteneciente a fulano en un registro civil.

Si alguna vez dos personas se encuentran, es porque dicho encuentro no está basado en ceder posiciones. La PARIDAD es la única forma de caminar juntos y por el momento, somos hombres y mujeres que están abandonando un paradigma obsoleto para forjar uno en donde el dominio, la cosificación y el maltrato, queden atrás.

Ellos tendrán que asimilar que no somos su propiedad. Nostras tenemos que comprender que eso no era amor.

Si estás suelta, si es difícil caminar de a dos, no es porque eres "rara", fea, poco querible o una especie de alien, sino por el contrario, alguien habitada por un divino descontento que impide quedar atascadas a formas injustas de amores equivocados.